El sector publicitario vinculado al Super Bowl, caracterizado por presupuestos millonarios y una competencia creativa extrema, se ha convertido en el escenario de un nuevo conflicto jurídico. En este contexto, el director Michael Bay ha llevado esta cuestión ante el Tribunal Superior de Los Ángeles, demandando al equipo de Cadillac de Formula 1 (F1) y a su consejero delegado, Dan Towriss, por más de un millón y medio de dólares.
El litigio no gira en torno a la infracción de derechos de autor, ya que conforme a la Copyright Act, las ideas abstractas no son protegibles por sí mismas. El eje del conflicto es otro: si las negociaciones previas generaron un contrato implícito de hecho (implied-in-fact contract) que obligaba al pago en caso de utilización de la propuesta.
Según el escrito de demanda interpuesto el 6 de febrero de 2026, el asunto se remonta a noviembre de 2025. En esa fecha, Towriss encomendó a Bay la dirección creativa de la campaña de lanzamiento de Cadillac en la F1. El concepto central consistía en una analogía épica entre el debut de la escudería y la carrera espacial estadounidense de los años cincuenta, integrando una estética cinematográfica de gran escala con un emblemático discurso de John F. Kennedy como eje narrativo.
Bay sostiene que, tras presentar una propuesta creativa detallada, recibió confirmación por escrito de que su contratación se articularía mediante una oferta única de licitación. A partir de ese momento, afirma haber movilizado equipos, planificado localizaciones en el desierto de Mojave y avanzado en la preproducción.
No obstante, poco antes de la ejecución del proyecto, Cadillac comunicó un cambio de dirección creativa y prescindió formalmente de sus servicios. El conflicto se agudiza cuando el anuncio finalmente emitido durante el Super Bowl LX incorporó, según el demandante, elementos sustanciales de su visión original, sin que mediara compensación económica alguna.
Aquí emerge la cuestión decisiva: ¿fueron simples negociaciones preliminares o existió una conducta inequívoca de oferta y aceptación suficiente para generar una obligación jurídica?
En concreto, Bay fundamenta su reclamación en cuatro argumentos principales: (i) la existencia de un contrato verbal o implícito derivado de las comunicaciones entre las partes; (ii) la revelación de ideas creativas bajo la expectativa razonable de compensación en caso de uso; (iii) una supuesta conducta engañosa orientada a obtener servicios creativos sin intención real de pago; y (iv) el derecho a percibir el valor razonable de los servicios prestados para evitar un enriquecimiento injusto.
En California, desde el precedente de Desny v. Wilder, los tribunales reconocen que la revelación de una idea puede generar obligación contractual cuando concurre una expectativa razonable de compensación en caso de utilización. No se tutela la idea en sí misma, sino la expectativa contractual generada por su revelación en un contexto en el que puede inferirse una promesa implícita de pago.
El caso reitera la importancia crítica de los protocolos de presentación de ideas en la industria creativa. No son simples formalidades preventivas, sino instrumentos esenciales para determinar cuándo una propuesta compartida en fase de negociación genera expectativas jurídicamente exigibles. El tribunal deberá valorar si la incorporación de determinados elementos estéticos puede calificarse como utilización sustancial de una propuesta revelada bajo una expectativa razonable de remuneración.
Más allá del conflicto concreto, la decisión puede influir de manera directa en la práctica contractual del sector audiovisual. En un mercado acelerado y altamente competitivo, la frontera entre inspiración legítima y aprovechamiento indebido de una idea se vuelve cada vez más estrecha. Este litigio confirma una realidad evidente: sin acuerdos claros y formalizados por escrito, la fase de presentación de proyectos sigue siendo uno de los principales focos de riesgo jurídico tanto para los creadores como para las empresas.