La inteligencia artificial de OpenAI ha incursionado en el sector sanitario con el lanzamiento de ChatGPT Salud, una nueva función orientada a responder preguntas médicas y ayudar a los usuarios a comprender mejor su información de salud personal. Esta herramienta permite que los usuarios conecten, de forma opcional, historiales clínicos electrónicos y datos de aplicaciones de bienestar como Apple Health o MyFitnessPal para ofrecer respuestas más personalizadas y contexto sobre análisis o hábitos saludables, aunque explícitamente no está diseñada para sustituir a profesionales médicos. Por ahora, la nueva función se desplegará fuera de la UE como una fase inicial de prueba. A Europa llegará más tarde, pero previsiblemente con mayores garantías para el usuario.
La llegada de ChatGPT Salud, ha encendido las alarmas entre expertos y analistas que han expresado fuertes advertencias sobre los riesgos que implica manejar datos tan sensibles fuera de los entornos clínicos tradicionales. Según reporta ABC, especialistas han alertado de que “sus datos sanitarios podrían hacerse públicos” y han subrayado que, aunque la intención es mejorar el acceso a información médica, los riesgos de exposición o uso indebido de datos personales son reales si no se establecen controles robustos.
El Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) establece normas estrictas sobre el tratamiento de información personal, y los expertos advierten que integrar historiales médicos con plataformas de IA podría plantear desafíos en cuanto a transparencia, consentimiento y seguridad de los datos, especialmente si estos sistemas no se diseñan con suficientes salvaguardas técnicas y organizativas. Críticos apuntan que, fuera de entornos clínicos regulados, no existe garantía absoluta de que la información no pueda ser expuesta por errores, brechas de seguridad o interpretaciones erróneas de la normativa.
Además, expertos han señalado que la herramienta podría dar una falsa sensación de seguridad, incentivando a los usuarios a volcar datos extremadamente sensibles en un servicio que, aunque mejorado para privacidad, no es un proveedor médico tradicional ni está sujeto directamente a las mismas obligaciones de confidencialidad que los sistemas sanitarios regulados por normas como HIPAA o los equivalentes europeos.
OpenAI, por su parte, enfatiza que la función de salud opera en un espacio separado dentro de ChatGPT con protecciones adicionales de cifrado y aislamiento para mantener las conversaciones y datos de salud segregados y protegidos.
No obstante, queda por ver si estas salvaguardas serán suficientes para cumplir con los estándares europeos y adaptarse plenamente a las exigencias del RGPD. El debate sigue abierto y será clave observar si, en su futura llegada a Europa, esta innovación logra equilibrar el avance tecnológico en salud con la protección efectiva de los derechos fundamentales y de los datos personales.