La Gran Sala de Recurso de la EUIPO ha denegado de forma definitiva el registro del signo denominativo “George Orwell” como marca de la Unión Europea para productos y servicios vinculados al ámbito cultural, como libros, publicaciones, contenidos audiovisuales y actividades educativas y de entretenimiento. La solicitud había sido presentada por la administradora del legado del escritor tras la expiración de los derechos de autor sobre su obra en Europa, con la finalidad de mantener un control exclusivo sobre el uso comercial de su nombre.
La resolución concluye que, en relación con dichos productos y servicios, el nombre del autor no será percibido por el público relevante como un indicador del origen empresarial (es decir, carece de carácter distintivo), sino como una referencia directa al contenido ofrecido. En particular, la EUIPO considera que el signo identifica al escritor, a sus obras o a las ideas y temáticas asociadas a ellas, cumpliendo así una función meramente descriptiva en el mercado cultural. Esta percepción impide que el nombre pueda desempeñar la función esencial de la marca, esto es, distinguir los productos o servicios de una empresa de los de otras.
El órgano de recurso añade que esta conclusión se ve reforzada por el alto grado de integración del autor en el acervo cultural europeo, especialmente en determinados Estados miembros en los que su obra forma parte del canon literario. No obstante, la decisión no excluye de forma absoluta la posibilidad de registrar el nombre “George Orwell” como marca, ya que la denegación se limita a aquellas clases directamente relacionadas con la explotación cultural de su obra, manteniéndose abierta la posibilidad de registrar otros productos o servicios ajenos a dicho ámbito.
La resolución reafirma los límites del derecho de marcas frente al dominio público cultural, evitando que la protección marcaria se utilice como mecanismo indirecto de exclusividad sobre contenidos ya liberados. El criterio adoptado refuerza un análisis funcional centrado en la percepción del público y en el uso efectivo del signo en el mercado, más que en la notoriedad del nombre en sí misma. Para herederos, fundaciones y gestores de legados culturales, el fallo evidencia que el nombre de un autor, cuando describe el contenido de bienes o servicios culturales, difícilmente puede operar como marca sin elementos distintivos adicionales.