El papel de la inteligencia artificial en el marco del caso contra SHEIN

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Tres diseñadores independientes entablaron el pasado verano una demanda contra la conocida empresa china de ultra-fast fashion, SHEIN. Los diseñadores alegaron en su demanda que la compañía de moda vendía copias exactas de sus diseños, infringiendo así sus derechos de autor. 

Los diseñadores afirmaban en la demanda que los productos reproducidos no eran copias «aproximadas», en las que los diseños se interpretan con ciertas libertades, sino «verdaderas copias exactas de diseños gráficos protegidos por derechos de autor» que vendía Shein. La empresa supuestamente incurre en un patrón de infracción de los derechos de autor como parte de su esfuerzo por producir 6.000 nuevos artículos cada día para sus millones de clientes. Según la demanda, esto constituye una violación de la Ley de Organizaciones Corruptas e Influenciadas por el Crimen Organizado (RICO, por sus siglas en inglés). Esta ley fue concebida originalmente con el fin de luchar contra la delincuencia organizada, previendo acciones civiles contra el «crimen organizado», entre los que se incluyen ciertos actos relacionados con la infracción penal de los derechos de autor. 

Adicionalmente, los demandantes alegaron además en su demanda que Shein cuenta un algoritmo que utiliza para manipular los datos del mercado, los resultados de las búsquedas y expulsar injustamente a los competidores, lo que conduce a prácticas monopolísticas. Ese algoritmo «no podría funcionar sin generar el tipo de copias exactas que pueden perjudicar enormemente la carrera de un diseñador independiente», afirman los demandantes. También argumentan que «la inteligencia artificial de Shein (ʻAIʼ) es lo suficientemente inteligente como para apropiarse indebidamente de las piezas con mayor potencial comercial».

Por ejemplo, los demandantes afirman que los algoritmos de Shein han sido programados para «generar información falsa o engañosa en la aplicación Shein sobre la popularidad de los productos, las opiniones de los clientes o las tendencias de precios. Esta manipulación de los datos de mercado podría tener graves consecuencias, como engañar a los consumidores para que tomen decisiones de compra basadas en información inexacta o sesgada. Esto no sólo socava la confianza de los consumidores, sino que también obstaculiza la capacidad de los competidores para competir en igualdad de condiciones. Al distorsionar supuestamente los datos de mercado, los algoritmos de IA de Shein podrían influir en las decisiones de compra de los clientes, lo que podría suponer una ventaja injusta para la empresa.

Es evidente que casos como este demuestran una vez más la imperiosa necesidad de crear políticas para un uso responsable de la IA (“IA Responsable”). La IA responsable se refiere al marco de principios y prácticas destinados a garantizar el uso justo y ético de las tecnologías de IA. Al integrar prácticas de IA responsable, las empresas pueden minimizar proactivamente el riesgo de controversias legales como la actual demanda contra Shein.

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