El Tribunal Supremo de EE. UU. mantiene el requisito de autoría humana para registrar obras generadas por IA

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Este 2 de marzo de 2026, el Tribunal Supremo de Estados Unidos decidió no admitir el recurso presentado en el asunto Thaler v. Perlmutter (Case No. 25-449), con lo que dejó firme, sin entrar al fondo, la línea jurisprudencial según la cual el copyright federal exige autoría humana. La consecuencia práctica inmediata es que se mantiene el criterio de las instancias inferiores: una obra atribuida a un sistema de IA sin intervención creativa humana identificable no es registrable como “obra de autor” en EE. UU.

El litigio se originó cuando Stephen Thaler solicitó el registro de la obra visual “A Recent Entrance to Paradise”, indicando que había sido generada por su sistema DABUS. La U.S. Copyright Office denegó el registro al considerar que la protección por copyright presupone un autor humano, como se desprende de la jurisprudencia estadounidense (por ejemplo, Burrow-Giles Lithographic Co. v. Sarony y Goldstein v. California), y que la atribución directa a una IA impide cumplir ese requisito. Esta interpretación fue confirmada por un tribunal federal del Distrito de Columbia en 2023 y, posteriormente, por el District of Columbia Circuit en 2025. Al rechazar la revisión, el Tribunal Supremo no establece doctrina nueva, pero sí consolida de facto el estándar aplicado por la autoridad registral y por los tribunales federales en esta materia.

La cuestión de fondo en este conflicto reside en la delimitación del concepto de “autor” en el sistema estadounidense y en la función del registro como mecanismo de protección de la expresión original. La decisión encaja con la orientación administrativa reciente de la Copyright Office: cuando el resultado es “generado por IA”, la cuestión determinante pasa a ser si existe una aportación humana creativa en la selección, disposición, edición o control expresivo de la obra, de forma que el contenido protegido sea atribuible a una persona. En ese marco, el rechazo del Supremo refuerza una lectura conservadora: la IA puede operar como herramienta dentro del proceso creativo, pero no como sujeto de autoría cuando la creación se presenta como autónoma.

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